Diario azul y blanco

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Pablo Marí, el nuevo pilar de Riazor

A la par que los operarios comenzaban las obras de la fachada del Estadio de Riazor, Carmelo del Pozo y Natxo González se arremangaban para crear el nuevo Deportivo de La Coruña. Como todo proyecto que busca perdurar en el tiempo, se comenzó por unos cimientos que seguían un mismo patrón. Sebastián Dubarbier, Dani Giménez y Álex Bergantiños, además de haber sido las tres primeras incorporaciones, tenían en común una característica: la veteranía. Con una hoja de ruta que marcaba en rojo la palabra compromiso, los dirigentes blanquiazules otearon el horizonte en busca de una pieza que apuntalase la defensa. El porte del brazalete de capitán y una trayectoria más propia de un treintañero que de un jugador de 23 años hicieron que la mirada de la directiva deportivista se dirigiese a Breda. Allí, Pablo Marí se había hecho con los mandos del NAC en su primera temporada en Holanda.

Diego Caballo y el premio a la perseverancia

Las aguas eran turbulentas y todo indicaba una revolución en el Deportivo de La Coruña. Tras una de las peores temporadas de la historia del club, la afición esperaba con ansia un lavado de cara. Su máxima ilusión: sustituir a aquellos jugadores a los que llamaban «mercenarios» por unos canteranos que habían hecho historia con el Fabril. Sin embargo, pasaron las semanas y en Riazor no hacían otra cosa que recibir a jugadores experimentados. Las llegada de los nuevos fichajes provocó que los mirlos blancos de Abegondo buscasen una salida.